lunes, 8 de noviembre de 2010

Disertante

Subió al estrado con toda su sapiencia, con su traje azul marino, con los ojos color tiempo, con las marcas de toda la tristeza.
Habló de algunas otras marcas de violencia, de agresión y de algunas otras huellas, de lo indeleble del tiempo que avanzaba sobre él, también. Sobre nosotros.
Y dió un discurso largo acerca de las piezas que, sobre un tablero de ajedrez imaginario, se iban moviendo lentas. Casi quietas.

El siguió, siguió y siguió siguiendo, y escuché como a través de un túnel, sus palabras, su discurso,
su ponencia. Y pensé -“Él, definitivamente no es el indicado”.
Pero él era educado, hablaba bien y su traje azul marino no tenía ni una mancha. Definitivamente era yo el equivocado:
él era el amo de la ciencia.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Swingin' around

El camino largo de tus piernas va en línea recta a no sé dónde. No hay carteles ni una sola indicación que me diga adónde lleva.
El camino de tus gambas (oh, perdón; el camino de tus piernas) es prohibido. Es como esas cosas que yo sé que no se tocan, ni se miran ni se sueñan.
El camino largo de tus piernas calculo que termina en dos o tres promesas, en un cortocircuito, en la ovación, en los ojos como plato, en la novena de beethoven, silbada por un grupo de mendigos cuando pasan por tu puerta.
El camino de tus gambas, el camino de tus piernas, se estira sobre todo cuando vos movés la cintura al caminar, cuando pasás por la vereda.

Adónde irás, moviéndote tan bella, de esa forma criminal?
Adónde irás, si es que estás yendo a algún lugar, con esas piernas?

viernes, 5 de noviembre de 2010

Silencios

El problema de esta gente es no entender la soledad.
Al no entender la soledad, no entenderán el por qué de tus comportamientos.
Al no entender la soledad no lograrán entender cual es el truco acerca del silencio. No soportan el silencio.
No logran soportar la ausencia total de ruidos, de voces, de palabras inútiles, de discursos molestos.
Con esta gente hay algo que esgrimir: sarcasmos
Palabras inútiles, como esas que te dicen.
Voces sordas, como las que te hacen escuchar
Ruidos atroces, como los que ellos mismos hacen.
Cosas vacías, como las existencias que viven.

martes, 21 de septiembre de 2010

Dime si

Dime si no es amor, mirar a los ojos,

Sentir cada beso, apreciar solo un gesto,

Correr más que el tiempo,

Pues ya que las horas se pasan volando

Y nada es lo mismo si estás a su lado.

Dime si no es amor, pedir un deseo,

Y ver que se cumple, que ya no hay desiertos,

Que todo son mares que guardan misterios.

Y dime si no es amor, poder escuchar su voz,

Y mirar dulcemente al sol.

Que no muera jamás, esta dulce pasión

Que crece sin medida.

Que no muera jamás, esta dulce ilusión

Que llena nuestras vidas.

sábado, 21 de agosto de 2010

Microrelatos (II)

Sintió un vértigo tremendo cuando el niño salió corriendo. Ahora estaba en peligro. Si el niño alcanzaba a decir algo, una mínima cosa, estaría perdido. No quedaba otra cosa que esperar. Rezar y esperar.
Una semana. Dos. Y la duda profunda, molesta y aterradora de si vendrían por fin o no a buscarlo.
Finalmente asumió que el niño había echado todo al olvido.
No importaba. Ya vendrían otros.

Ese Domingo, en la misa, dió uno de sus mejores sermones acerca de lo sagrado de la infancia.

jueves, 5 de agosto de 2010

...

Decíme que es posible silbar tu canción bajo la lluvia.
Decíme que es posible ir caminando hasta tu casa;
caminar las 20 cuadras que separan mi casa de tu casa
y golpear tu puerta silbando tu cancion bajo la lluvia.
Decíme que es posible caminar, Virgen de la Merced de ida y vuelta,
imaginándote parada en cada esquina,
esperándome llegar,
oyendo tu canción silbada por mí bajo la lluvia.

Decíme que son posibles las tormentas también, adentro mío.
Decíme también que no todo es paz adentro mío.
Decíme que me muero despacito
y que vuelvo a vivir en un momento
cada vez que cierro los ojos, cruzo los brazos
y vuelvo a imaginarte, sonriendo sin hablar,
parada en una esquina,
esperando no sé a quién,
mojada por la lluvia.

Decíme que es posible quedarme acá en mi casa
a imaginarte cuando llueve.
Decíme que es posible imaginar
que silbo tu canción bajo la luvia
mientras camino hasta tu casa.

Decíme que sí voy a encontrarte en ésa esquina.
Decíme que no es sólo mi imaginación
verte así, empapada,
sonriendo sin hablar, esperando no sé a quién
(supongo que a mí),
mientras camino hasta tu casa silbando tu cancion.
Decíme que nada es imposible.
Decíme que nada es imposible si hay amor.

miércoles, 28 de julio de 2010

Pequeño

Sentís lo que yo siento?

Sabés que me doy cuenta cuándo es que pasa el viento triste y lento y te deja un frío y como una soledad dentro del pecho?
Acaso te das cuenta que yo sé cuáles son esos momentos en que los recuerdos más bonitos que tenés se han ido lejos, y que siento aquí tu soledad, dentro de mí, y que siento también cuando querés llorar y te reís, porque sabés que todo, todo es como un juego?

Sentís lo que yo siento?

Sentís que yo me quedo quieto y en silencio cuando sé que vas a sonreir y que tu risa es como un fuego y que todo queda inmóvil y que apenas si respiro porque sé que sos feliz? Acaso sabrás cómo es que multiplico esos ratitos chiquititos en que creo que nada puede hacer que yo me olvide, que te deje de pensar?

Sentís lo que yo siento?

Si es tan frío ese lugar en el que está tu corazón; no me lo dejás a mí un ratito así lo abrigo con el mío para partir tu llanto en dos?

martes, 6 de julio de 2010

Perdido

Vale andar por acá o por San Isidro con la cara como un bafle, los dedos doblados en un Fa y los silencios en un ruido; y en la imaginación, en lo que susurrás mientras vas andando lento, así perdido, un disco que no acaba, una canción que te eleva y te transporta, un disco que puede ser de Dancing Mood o puede ser de Valentino.
Y escuchar atentamente y sentir completamente que sos vos el que está ahí, y darte cuenta de que no todo es una mierda y que no todo está podrido; ir así, con tu alma puesta en los sonidos, tu corazón atento a los latidos y tus ojos tratando de mirar lo que oís, lo que no vas a cantar, el montón de cosas que no has dicho.

Vale andar por el centro, o por Martínez así, perdido.

Vale sonreír por lo que ya no vas a hacer, por las cosas que no has sido, vale imaginar que tenés la valentía de decirle "me gustás" a la chica que te gusta, para después salir corriendo como un chico.
Qué irías a perder, de todas formas?
Acaso predecís lo que jamás ha sucedido?

Vale imaginar las valentías y el amor. Vale imaginar lo que sí, lo que tal vez y lo que no. Vale andar por el centro, por acá o por San Isidro; vale incluso llegar hasta la rotonda caminando despacito, con un parlante en la cabeza y varios discos.

Pueden ser de Dancing Mood, pueden ser de Willy Crook, o pueden ser de Valentino.

miércoles, 9 de junio de 2010

La clase

Se incorporó pesadamente en la cama. El reloj había sonado a las ocho menos cuarto y se había quedado dormido quince minutos. Sacudió su cabeza, intentando aclarar un poco las ideas, y recordó que la noche anterior había estado en una fiesta. Lo que no recordaba era dónde. Lo que sí, el control de alcoholemia y cómo se había quedado sin auto en Alvear, en la bajada.
No importaba. De todos modos, tenía todavía media hora para llegar hasta la facultad, a dictar cátedra a esos pequeños animalitos del señor.
Le repugnaba dar clases en una facultad, sobre todo porque él consideraba a la universidad como un vertedero de ideas sin sentido, un transformador de almas jóvenes en mierda dura y rancia. Al carajo. Llegaba tarde y nada más importaba. Con suerte, llegaría con cinco ó diez minutos de tardanza.

-Buenos días.- saludó con brusquedad al entrar.
-Buenos días, profesor- le contestaron a coro sus alumnos.

Él les dió la espalda, asumiendo que no sabía de qué carajo hablar, dándose cuenta de que no había preparado nada, hasta que la voz del chico más inteligente, apático y cínico de la clase lo sacó de las pelotudeces que pensaba:

-Estuvo buena la fiesta anoche, profe?-

Se había dado cuenta de su cara.
Ahora podía recordar con claridad. La verdad, la fiesta de buena no había tenido nada. Un par de tragos, dos pendejas histéricas que habían chamuyado un rato boludeces, y después emborracharse con cualquier cosa que encontrara. Todo era gratis, de modo que no le importaba. Otra fiesta aburrida, de gente aburrida, de vidas vacías que intentaban llenar con la ilusión de alegría efímera; otro carnaval de sensaciones de vértigo mezclado con la desesperación de no encontrar nada interesante en las jetas de la gente con la que conversaba. Otro carnaval de caras y caras que pasaban. Otra muestra más de la misma nada. Encima, el puto control de alcoholemia, de vuelta al centro, en la bajada.

-Cuidado con los apercibimientos, pendejo- contestó al muchacho, que al toque abrió los ojos como plato, sin podeer creer el “pendejo” que escuchaba. El resto de la clase estalló en carcajadas. Y el chico inteligente, cínico y apático de la clase, intentó una venganza.

-Apercibimientos para todos, entonces. Porque su cara, de sobriedad no tiene nada.-

Ahí estaba. El lobo que se aparta de la manada. El chico superado y con educación de calidad. El mantenido por papá y mamá que creía que se las sabía todas cuando en realidad no estaba preparado para casi nada.
El tema de la clase. Actividad no programada.

-No le conviene discutir conmigo, mi amiguito. Acá yo corro con ventaja. Si usted quiere, se queda un ratito después de clase y vemos quién es el que manda en este aula.-, contestó sin amabilidad, y les pidió a todos que se levantaran y lo siguieran. Estaba a punto de comenzar una excursión por los pasillos de la facultad que ellos tanto querían. Un paseíto hacia los secretos de los profesores, y por qué no, de algún que otro alumno.
-Bienvenidos a la realidad, mis camaradas-, dijo entrando en uno de los tantos baños de la ciudad universitaria. El que nadie visitaba. Ese en el que pasaban cosas raras.
-Lo que están viendo se llama “glory hole”-, dijo señalando un cagadero, más exactamente un hueco en una de las paredes de placa de madera terciada.
-Por este agujerito, algunos de sus compañeros ponen su pitito y otros compañeros, o algunos profesores que se la lastran, o quién sabe, hasta el decano mismo, por qué no, abren la boquita y reciben y dan unas buenas mamadas.-
A esta altura, algunas alumnas retrocedieron y se mandaron a mudar, asqueadas por lo que escuchaban.

-Ven? Esas que se acaban de ir pertenecen al grupo de hipócritas que creen que no sabemos que ellas también la chupan y les encanta. Aunque en cierto modo, eso está bien. Si la hipocresía no existiera, no existirían los espacios de poder. Y lo que se necesita es justamente eso. Espacios de poder. El poder que yo mismo ejerzo, por ejemplo, para hacerlos venir hasta acá y ustedes me sigan como ovejas. El poder que yo ejercí para decirle a su compañerito que yo mando en el aula-
Todo era una mierda. Sus alumnos no valían un carajo, nadie se atrevía a contradecirlo en nada. Y él, él era un profesor borracho, que de lo que tenía que saber no se acordaba una mierda. Comenzaba a caerle bien el muchachito que lo había desafiado en clase. Al menos, ése sí que las tenía bien puestas y no le importaba nada de nada.
-El decano de esta facultad necesita que creamos que él no coje ni fuma, necesita que le digamos que no vemos en él a un bufarreta al que le gustan las pendejas en tanga. Y en cierto modo, de esa imagen pura, limpia, inmaculada, surge su pequeño espacio de poder. “El Señor Decano de la Facultad”. “Su Majestad”. La conciencia en blanco Ala.-
Algunos alumnos lo aplaudieron. Ya estaban comenzando a tenerle simpatía. Él los cortó en seco.
-No aplaudan. Si me aplauden significa que son más boludos de lo que creo, y que en realidad no han entendido ni una de mis palabras.- Las manos bajaron poco. Los aplausos fueron frenándose de a poco.
-Entiendan, idiotas. La construcción de espacio de poder genera una sociedad de ciegos. No se ven las manchas en los calzones del decano, ni se advierte cuando se le caen las babas por una pendeja de veintiuno, o cuando les mira las gambas. Y la falta de esos espacios generaría un mundo de sordos, en el que nadie respetaría al otro, en el que nadie escucharía, en el que nadie se interesaría por nadie ni nada.-
Miró al muchachito inteligente una vez más. Definitivamente, tenía cara de boludo bien alimentado con comida orgánica. Pero así y todo le gustaba. Miró al resto de la clase y se sintió avergonzado. Esta generación a la que le tocaba asistir como espectador, no tenía nada que ver con las pasadas. La de los nacidos en los setentas seguía siendo por lejos la generación de los conflictuaditos. Y eso a él no le gustaba. Estos chicos de ahora… estos chicos habían encontrado finalmente el equilibrio entre violencia, inteligencia y desinterés.
Estos chicos no lloraban por giladas.
Saliendo del baño, sacó el pito y se puso a mear en un ligustro, mientras los varones se reían y las chicas abrían los ojos como plato, asombradas.
El humito de la orina se levantó en la fría mañana de otoño.

lunes, 7 de junio de 2010

Mil veces más

…o puede que haya estado equivocado, y la gente sea toda de mentira, con mierdas, tics, histerias, cagadas, casi todos con alguna cosita que esconder. Que el amor verdadero en realidad no exista, y que sólo sean soledades que se encuentran y se juntan y se olvidan. Que sólo el acostumbramiento y el cariño y la confianza existan. Y el necesitar de alguien para sobrevivir y continuar y poder sobrellevarse a uno mismo, inmerso en medio de tanto hijo de puta.
…o puede que haya estado equivocado, y puede que la gente en realidad no se merezca nada, en realidad puede que ni yo merezca nada, que lo que digo sea producto de siglos parado en medio de cosas que me llevan y me esconden y me pudren en el medio de la nada. Que tratar de llegar a ningún sitio sea lo más sensato que me quede por hacer.
Hay quien dice que un ángel que todo lo vigila y todo lo cuida baja y corta con su espada las manos del ladrón, dejándolo mudo, dejándolo sin voz. Que lo llamen; que venga el ángel custodio de las cosas más sublimes y encuentre a quien me robó lo que hoy no tengo, las cosas que eran mías, las cosas que no encuentro, las horas y los días, los momentos de sentirme entero y satisfecho. Que encuentre al ladrón que se ha llevado las cosas que más quiero. Que me devuelva algunos días sin miedo, tirado a pleno sol, a plena luz.

“…los recuerdos que recuerdo y los que nunca sucedieron (sí, poligonal). La inmediatez de los sucesos de mierda, amontonados entre sí. La mujer perfecta no existe, pienso; sólo existe la memoria. El amor no existe, digo; existen soledades que se juntan y potencian. Y luego la costumbre. Y también los gusanos en mi espíritu.”

martes, 25 de mayo de 2010

Viaje

Ya estoy en este viaje. No me preguntes por qué. A quién culparé por todo el tiempo que perdí, enredado en historias que no supe ni quiero saber en dónde comenzaban, pero que siempre terminaban y cuando terminaban terminaban siempre mal?
Y a quién vas a culpar por todas esas noches que tuviste que estar sola, dormir sola, soñar sola, sentir sola, vacía por dentro, envuelta en llanto, seca de pensar que las penas y el dolor ya estaban a tu lado y jamás irían a dejarte?

Los escombros de las cosas que se caen dentro y fuera de nosotros son la excusa más exacta que tenemos. Comenzar a comenzar. Iniciar algo mejor. Tener algo mejor. Para nosotros, algo nuevo. Final del viejo juego, el viejo sueño.
Derrumbar esas paredes que nos van cercando lentas. Derrumbar esos recuerdos si no van a permitirnos avanzar.

Permitida la memoria.
Pero que no moleste.

“... y que dure lo que dure lo real”

jueves, 22 de abril de 2010

Trampas

A veces, el dedo omnipotente de Dios, o de quien sea que haya inventado el juego éste que jugamos, se posa sobre vos, sobre tus hombros y te da el respiro necesario, y te salva de alguna que otra atrocidad, pide pido para vos, te da un descanso.
Así, las voces más insoportables no suenan tanto en tu cabeza y los días ya no pasan sobre vos y el tiempo va a tu lado.
Canciones de rock, libros prestados, camisetas de algún club que ni siquiera conocés, sueños pausados; todo resulta familiar y conocido, todo es justo a la medida de tus sueños, todo tiene la métrica precisa y todo está afinado.

- (Entonces, de nuevo la trampa que vos mismo te ponés: la sensación de haber errado, de apostar a lo incorrecto, de haber marcado el número de la “sucursal tranquilidad” y haberte equivocado.)

lunes, 19 de abril de 2010

Microrelatos (I)

Después de revisar los bolsillos del tipo pudo levantar la vista y mirar lo que acababa de hacer. Era su primer asalto, y en su primer asalto le había destrozado la cabeza con una pala a un desconocido. Recién entonces pudo darse cuenta del baile en el que había entrado.
El asunto de la muerte. Olió la muerte. Y la muerte no tenía buen olor.
Todo el mundo andaba por ahí, con una punta o una pala, de merca o con un fierro, jugando al “tu vida o la mía” , al “te mato o me matás”.
El hombre no había evolucionado para nada. Desde que el mundo era mundo, había habido crímenes, negocios turbios, violaciones, magnicidios, guerras y mujeres sometidas por maridos de dinero. El mundo parecía moverse por dinero.
Decidió no pensar. Se incorporó y caminó lento, mientras abría la billetera del desgraciado que quedaba tirado ahí atrás.
Quince pesos.
Una cerveza y un paquete de puchos, nada más.