jueves, 22 de abril de 2010

Trampas

A veces, el dedo omnipotente de Dios, o de quien sea que haya inventado el juego éste que jugamos, se posa sobre vos, sobre tus hombros y te da el respiro necesario, y te salva de alguna que otra atrocidad, pide pido para vos, te da un descanso.
Así, las voces más insoportables no suenan tanto en tu cabeza y los días ya no pasan sobre vos y el tiempo va a tu lado.
Canciones de rock, libros prestados, camisetas de algún club que ni siquiera conocés, sueños pausados; todo resulta familiar y conocido, todo es justo a la medida de tus sueños, todo tiene la métrica precisa y todo está afinado.

- (Entonces, de nuevo la trampa que vos mismo te ponés: la sensación de haber errado, de apostar a lo incorrecto, de haber marcado el número de la “sucursal tranquilidad” y haberte equivocado.)

lunes, 19 de abril de 2010

Microrelatos (I)

Después de revisar los bolsillos del tipo pudo levantar la vista y mirar lo que acababa de hacer. Era su primer asalto, y en su primer asalto le había destrozado la cabeza con una pala a un desconocido. Recién entonces pudo darse cuenta del baile en el que había entrado.
El asunto de la muerte. Olió la muerte. Y la muerte no tenía buen olor.
Todo el mundo andaba por ahí, con una punta o una pala, de merca o con un fierro, jugando al “tu vida o la mía” , al “te mato o me matás”.
El hombre no había evolucionado para nada. Desde que el mundo era mundo, había habido crímenes, negocios turbios, violaciones, magnicidios, guerras y mujeres sometidas por maridos de dinero. El mundo parecía moverse por dinero.
Decidió no pensar. Se incorporó y caminó lento, mientras abría la billetera del desgraciado que quedaba tirado ahí atrás.
Quince pesos.
Una cerveza y un paquete de puchos, nada más.