miércoles, 28 de julio de 2010
Pequeño
Sabés que me doy cuenta cuándo es que pasa el viento triste y lento y te deja un frío y como una soledad dentro del pecho?
Acaso te das cuenta que yo sé cuáles son esos momentos en que los recuerdos más bonitos que tenés se han ido lejos, y que siento aquí tu soledad, dentro de mí, y que siento también cuando querés llorar y te reís, porque sabés que todo, todo es como un juego?
Sentís lo que yo siento?
Sentís que yo me quedo quieto y en silencio cuando sé que vas a sonreir y que tu risa es como un fuego y que todo queda inmóvil y que apenas si respiro porque sé que sos feliz? Acaso sabrás cómo es que multiplico esos ratitos chiquititos en que creo que nada puede hacer que yo me olvide, que te deje de pensar?
Sentís lo que yo siento?
Si es tan frío ese lugar en el que está tu corazón; no me lo dejás a mí un ratito así lo abrigo con el mío para partir tu llanto en dos?
martes, 6 de julio de 2010
Perdido
Y escuchar atentamente y sentir completamente que sos vos el que está ahí, y darte cuenta de que no todo es una mierda y que no todo está podrido; ir así, con tu alma puesta en los sonidos, tu corazón atento a los latidos y tus ojos tratando de mirar lo que oís, lo que no vas a cantar, el montón de cosas que no has dicho.
Vale andar por el centro, o por Martínez así, perdido.
Vale sonreír por lo que ya no vas a hacer, por las cosas que no has sido, vale imaginar que tenés la valentía de decirle "me gustás" a la chica que te gusta, para después salir corriendo como un chico.
Qué irías a perder, de todas formas?
Acaso predecís lo que jamás ha sucedido?
Vale imaginar las valentías y el amor. Vale imaginar lo que sí, lo que tal vez y lo que no. Vale andar por el centro, por acá o por San Isidro; vale incluso llegar hasta la rotonda caminando despacito, con un parlante en la cabeza y varios discos.
Pueden ser de Dancing Mood, pueden ser de Willy Crook, o pueden ser de Valentino.
miércoles, 9 de junio de 2010
La clase
No importaba. De todos modos, tenía todavía media hora para llegar hasta la facultad, a dictar cátedra a esos pequeños animalitos del señor.
Le repugnaba dar clases en una facultad, sobre todo porque él consideraba a la universidad como un vertedero de ideas sin sentido, un transformador de almas jóvenes en mierda dura y rancia. Al carajo. Llegaba tarde y nada más importaba. Con suerte, llegaría con cinco ó diez minutos de tardanza.
-Buenos días.- saludó con brusquedad al entrar.
-Buenos días, profesor- le contestaron a coro sus alumnos.
Él les dió la espalda, asumiendo que no sabía de qué carajo hablar, dándose cuenta de que no había preparado nada, hasta que la voz del chico más inteligente, apático y cínico de la clase lo sacó de las pelotudeces que pensaba:
-Estuvo buena la fiesta anoche, profe?-
Se había dado cuenta de su cara.
Ahora podía recordar con claridad. La verdad, la fiesta de buena no había tenido nada. Un par de tragos, dos pendejas histéricas que habían chamuyado un rato boludeces, y después emborracharse con cualquier cosa que encontrara. Todo era gratis, de modo que no le importaba. Otra fiesta aburrida, de gente aburrida, de vidas vacías que intentaban llenar con la ilusión de alegría efímera; otro carnaval de sensaciones de vértigo mezclado con la desesperación de no encontrar nada interesante en las jetas de la gente con la que conversaba. Otro carnaval de caras y caras que pasaban. Otra muestra más de la misma nada. Encima, el puto control de alcoholemia, de vuelta al centro, en la bajada.
-Cuidado con los apercibimientos, pendejo- contestó al muchacho, que al toque abrió los ojos como plato, sin podeer creer el “pendejo” que escuchaba. El resto de la clase estalló en carcajadas. Y el chico inteligente, cínico y apático de la clase, intentó una venganza.
-Apercibimientos para todos, entonces. Porque su cara, de sobriedad no tiene nada.-
Ahí estaba. El lobo que se aparta de la manada. El chico superado y con educación de calidad. El mantenido por papá y mamá que creía que se las sabía todas cuando en realidad no estaba preparado para casi nada.
El tema de la clase. Actividad no programada.
-No le conviene discutir conmigo, mi amiguito. Acá yo corro con ventaja. Si usted quiere, se queda un ratito después de clase y vemos quién es el que manda en este aula.-, contestó sin amabilidad, y les pidió a todos que se levantaran y lo siguieran. Estaba a punto de comenzar una excursión por los pasillos de la facultad que ellos tanto querían. Un paseíto hacia los secretos de los profesores, y por qué no, de algún que otro alumno.
-Bienvenidos a la realidad, mis camaradas-, dijo entrando en uno de los tantos baños de la ciudad universitaria. El que nadie visitaba. Ese en el que pasaban cosas raras.
-Lo que están viendo se llama “glory hole”-, dijo señalando un cagadero, más exactamente un hueco en una de las paredes de placa de madera terciada.
-Por este agujerito, algunos de sus compañeros ponen su pitito y otros compañeros, o algunos profesores que se la lastran, o quién sabe, hasta el decano mismo, por qué no, abren la boquita y reciben y dan unas buenas mamadas.-
A esta altura, algunas alumnas retrocedieron y se mandaron a mudar, asqueadas por lo que escuchaban.
-Ven? Esas que se acaban de ir pertenecen al grupo de hipócritas que creen que no sabemos que ellas también la chupan y les encanta. Aunque en cierto modo, eso está bien. Si la hipocresía no existiera, no existirían los espacios de poder. Y lo que se necesita es justamente eso. Espacios de poder. El poder que yo mismo ejerzo, por ejemplo, para hacerlos venir hasta acá y ustedes me sigan como ovejas. El poder que yo ejercí para decirle a su compañerito que yo mando en el aula-
Todo era una mierda. Sus alumnos no valían un carajo, nadie se atrevía a contradecirlo en nada. Y él, él era un profesor borracho, que de lo que tenía que saber no se acordaba una mierda. Comenzaba a caerle bien el muchachito que lo había desafiado en clase. Al menos, ése sí que las tenía bien puestas y no le importaba nada de nada.
-El decano de esta facultad necesita que creamos que él no coje ni fuma, necesita que le digamos que no vemos en él a un bufarreta al que le gustan las pendejas en tanga. Y en cierto modo, de esa imagen pura, limpia, inmaculada, surge su pequeño espacio de poder. “El Señor Decano de la Facultad”. “Su Majestad”. La conciencia en blanco Ala.-
Algunos alumnos lo aplaudieron. Ya estaban comenzando a tenerle simpatía. Él los cortó en seco.
-No aplaudan. Si me aplauden significa que son más boludos de lo que creo, y que en realidad no han entendido ni una de mis palabras.- Las manos bajaron poco. Los aplausos fueron frenándose de a poco.
-Entiendan, idiotas. La construcción de espacio de poder genera una sociedad de ciegos. No se ven las manchas en los calzones del decano, ni se advierte cuando se le caen las babas por una pendeja de veintiuno, o cuando les mira las gambas. Y la falta de esos espacios generaría un mundo de sordos, en el que nadie respetaría al otro, en el que nadie escucharía, en el que nadie se interesaría por nadie ni nada.-
Miró al muchachito inteligente una vez más. Definitivamente, tenía cara de boludo bien alimentado con comida orgánica. Pero así y todo le gustaba. Miró al resto de la clase y se sintió avergonzado. Esta generación a la que le tocaba asistir como espectador, no tenía nada que ver con las pasadas. La de los nacidos en los setentas seguía siendo por lejos la generación de los conflictuaditos. Y eso a él no le gustaba. Estos chicos de ahora… estos chicos habían encontrado finalmente el equilibrio entre violencia, inteligencia y desinterés.
Estos chicos no lloraban por giladas.
Saliendo del baño, sacó el pito y se puso a mear en un ligustro, mientras los varones se reían y las chicas abrían los ojos como plato, asombradas.
El humito de la orina se levantó en la fría mañana de otoño.
lunes, 7 de junio de 2010
Mil veces más
…o puede que haya estado equivocado, y puede que la gente en realidad no se merezca nada, en realidad puede que ni yo merezca nada, que lo que digo sea producto de siglos parado en medio de cosas que me llevan y me esconden y me pudren en el medio de la nada. Que tratar de llegar a ningún sitio sea lo más sensato que me quede por hacer.
Hay quien dice que un ángel que todo lo vigila y todo lo cuida baja y corta con su espada las manos del ladrón, dejándolo mudo, dejándolo sin voz. Que lo llamen; que venga el ángel custodio de las cosas más sublimes y encuentre a quien me robó lo que hoy no tengo, las cosas que eran mías, las cosas que no encuentro, las horas y los días, los momentos de sentirme entero y satisfecho. Que encuentre al ladrón que se ha llevado las cosas que más quiero. Que me devuelva algunos días sin miedo, tirado a pleno sol, a plena luz.
“…los recuerdos que recuerdo y los que nunca sucedieron (sí, poligonal). La inmediatez de los sucesos de mierda, amontonados entre sí. La mujer perfecta no existe, pienso; sólo existe la memoria. El amor no existe, digo; existen soledades que se juntan y potencian. Y luego la costumbre. Y también los gusanos en mi espíritu.”
martes, 25 de mayo de 2010
Viaje
Y a quién vas a culpar por todas esas noches que tuviste que estar sola, dormir sola, soñar sola, sentir sola, vacía por dentro, envuelta en llanto, seca de pensar que las penas y el dolor ya estaban a tu lado y jamás irían a dejarte?
Los escombros de las cosas que se caen dentro y fuera de nosotros son la excusa más exacta que tenemos. Comenzar a comenzar. Iniciar algo mejor. Tener algo mejor. Para nosotros, algo nuevo. Final del viejo juego, el viejo sueño.
Derrumbar esas paredes que nos van cercando lentas. Derrumbar esos recuerdos si no van a permitirnos avanzar.
Permitida la memoria.
Pero que no moleste.
“... y que dure lo que dure lo real”
jueves, 22 de abril de 2010
Trampas
A veces, el dedo omnipotente de Dios, o de quien sea que haya inventado el juego éste que jugamos, se posa sobre vos, sobre tus hombros y te da el respiro necesario, y te salva de alguna que otra atrocidad, pide pido para vos, te da un descanso.
Así, las voces más insoportables no suenan tanto en tu cabeza y los días ya no pasan sobre vos y el tiempo va a tu lado.
Canciones de rock, libros prestados, camisetas de algún club que ni siquiera conocés, sueños pausados; todo resulta familiar y conocido, todo es justo a la medida de tus sueños, todo tiene la métrica precisa y todo está afinado.
- (Entonces, de nuevo la trampa que vos mismo te ponés: la sensación de haber errado, de apostar a lo incorrecto, de haber marcado el número de la “sucursal tranquilidad” y haberte equivocado.)
lunes, 19 de abril de 2010
Microrelatos (I)
El asunto de la muerte. Olió la muerte. Y la muerte no tenía buen olor.
Todo el mundo andaba por ahí, con una punta o una pala, de merca o con un fierro, jugando al “tu vida o la mía” , al “te mato o me matás”.
El hombre no había evolucionado para nada. Desde que el mundo era mundo, había habido crímenes, negocios turbios, violaciones, magnicidios, guerras y mujeres sometidas por maridos de dinero. El mundo parecía moverse por dinero.
Decidió no pensar. Se incorporó y caminó lento, mientras abría la billetera del desgraciado que quedaba tirado ahí atrás.
Quince pesos.
Una cerveza y un paquete de puchos, nada más.
miércoles, 30 de diciembre de 2009
Distancias
Trataremos de que entiendan que así como las nubes se unen entre sí y forman formas tontas; que así como explotan sin razón dos bombas en un sitio, un mismo lugar; así como dos almas que se encuentran se abrazan mutuamente, como abraza el sol las flores en verano y las mata, así fue lo vivimos vos y yo, y les diremos que fue hermoso, que fue la vida toda y que fue nada haber traído tanto amor entre nosotros porque fue una bendición y fue algo que jamás imaginamos, porque fue el todo que aún nos guía, lo que necesitábamos en esta vida, aún cuando después de esa explosión ya no haya nada, aunque las nubes formen formas tontas, aunque exploten las bombas asesinas, día a día, de dos en dos, un mismo lugar, un mismo sitio y las almas de nosotros ya no puedan encontrarse, ya no más.
Aunque no haya entre nosotros más “mañana”.
Ya sé que no sabremos explicarles cómo es que viene doliendo este dolor. El tiempo les dirá. El tiempo nos dirá.
El tiempo siempre es quien nos habla.
jueves, 17 de diciembre de 2009
Lágrimas
Vos dejá que yo me tire unas horitas en la cama y así vestido, duerma y sueñe sueños que te duelan, y vas a ver que cuando me despierte, cuando logre despertar (y te des cuenta que estoy bien, que ya ha pasado todo) voy a estar un poco más tranquilo, al asumir que son sueños, sólo sueños o algún triste dèja vu que pensé que imaginé que imaginaba.
Vos dejá que yo esté triste un par de horitas, o tal vez un par de días.
Pero triste al mango, sí? Con toda la tristeza, con toda la amargura que sea posible que yo tenga, y vas a ver que cuando yo termine de llorar voy a ser de nuevo ese, el que vos querrías siempre que yo fuera.
Pero vos dejá que llore, dejá que yo me muera ahogado en los recuerdos que más duelan, para así cuando tenga que salir, cruzar la puerta, irme de aquí, cuando tenga que enfrentarme a un día hermoso, a plena luz, (un nuevo día) no sienta que es extraño andar sin lágrimas. No sienta que es extraño estar feliz.
Pero vos dejá que llore, que también a veces está bueno andar gastando lágrimas por alguien que sabés que nunca pudo amarte, por alguien que sabés que jamás pudo sentir.
lunes, 14 de diciembre de 2009
In vain
Planificaba sus cosas así, de improviso; pensando en caliente y sin preocuparse por lo que hubiera de suceder después.
No estaba en sus planes razonar.
Aunque esta vez sabía que era necesario escapar.
A cada segundo su piel se hacía menos suave. Y empalidecía. Se llenaba de arrugas, se volvía seca, mustia. Como esas flores que pasan un tiempo prolongado arriba de un ataúd y al final te piden pido. Como las hojas del otoño, ésas hojas del otoño que se pisan y hacen ‘crack’ cuando se quiebran.
Envejecía más rápido. Y lo sabía.
-”Algún lugar en donde…”- quería pensar, y no podía completar su pensamiento.
Justo él. Él estaba envejeciendo. Él, que siempre había querido mantener su capacidad de curiosidad y de asombro intactas. Él, que adoraba caminar bajo la lluvia, o empañar los vidrios con su aliento en el invierno y dejar dibujos, o tal vez algunas frases sueltas para mirar después cómo se desvanecían.
Él, que siempre había querido ser un niño. Que siempre había soñado con la idea de fugar el alma hacia algún país inexistente, a algún lugar en donde no existiera la tristeza ni el dolor.
A algún lugar imaginario.
(-”A algún lugar en donde…”-) quiso pensar y no pudo.
Se moría. A cada segundo se moría. Y lo podía presentir dentro de sí.
-”Algún lugar…”- repetía cada vez más desesperado, como si el aliento estuviera abandonándolo, como si el cuerpo estuviera abandonándolo (o era él quien esta vez abandonaba a su cuerpo?) y las cosas que alguna vez hubo de soñar quedaran inconclusas.
Inconclusas.
Alcanzó a cerrar el bolso antes de caer sobre la alfombra. Y ya no hubo nada más después de esa última caída.
Lo encontró la mujer que limpiaba la pensión donde vivía. La única persona que osaba dirigirle la palabra. Ella lo encontró.
El trámite fue rápido y conciso. El forense que lo vió no gastó muchas palabras de su extenso vocabulario médico en ese último diagnóstico: “Paro cardirespiratorio no traumático”.
Aunque arriesgan los que saben, las personas que dicen que lo pudieron conocer, que se murió de tristeza.
Yo sé bien de qué murió.
Yo sé bien que el último día de su vida, en esa misma tarde, había decidido escapar.
De la soledad, quería escapar y se escapaba. Pero lo hizo tarde.
Y en vano.