Me gustan, por ejemplo, los sábados de asado de domingo, los amigos puestos hasta el hueso, la sprite con limón, los gallegos aburridos sin sus cuentos y también el vino tinto con soda y poco hielo, las amigas que siempre están con su sonrisa, horizontal o vertical.
Revolcarme en el suelo como un perro, cuando me cagan a trompadas mis dos sueños, sueñitos de pecho argento futbolero que no saben si me fui o si estoy volviendo. Mirarlos crecer y sentir que voy envejeciendo como quiero. Casi casi ya sin arriesgar la integridad física o moral.
Los momentos en que olvido que estoy vivo y paseo a contramano de los corsos que se van. Tomar la ruta de los riesgos verdaderos, convertirme en Víctor Sueiro, sin dejar pasar la oportunidad de derrapar. Estar de pie a pesar de todo y no sentirme un pobre tonto. Después de todo, saber que no la he pasado tan tan mal.
Los llamados a las tres de la mañana y que estés si vas a estar, aunque sepa que es una puta casualidad. Que me moleste cuando te chifla el moño y te mandás a mudar, adonde mierda sea que te vas. Los amigos que no vienen y me dejan aire libre y lugares para andar. Adoro su elegancia para no ver si estoy en falta. Y que sepan que, efectivamente, soy un perfecto pelotudo. Adoro su capacidad de comprender que tal vez yo ya nací en off-side.
Las frases que escribo en papelitos y que escondo con la esperanza de que me gusten cuando las vuelva a encontrar. Tirarlas a la mierda cuando estorban en la casa. El quilombo en las películas y los discos. Los libros que perdí, y también los que voy a regalar.
Los sánguches de miga después de un día sin probar puto bocado. Cagarme de risa con los programas de Méndez o Cuadrado. Mandarles mensajes con la esperanza de que los pasen al aire porque los hice enojar.
La lista de pecados que olvidé y también los que hoy por hoy estoy pagando. Las excusas que ofrecí para no quedar como un tarado. Las más inverosímiles. Las que nunca me creyeron. Las que pasaron por el aro. Las críticas boludas que me paso por los huevos. Las otras, las que acepto, porque me dicen con estilo que soy un pelotudo y soy la suma de la nada. Las que me dejaron algunas enseñanzas y que ya no voy a olvidar más.
Sentir que estoy teniendo una cierta puntería. Alegrarme de que mi vida sea mía.
Mandar las tradiciones, los prejuicios familiares, las enseñanzas de mis padres a cagar.
Hola
Hace 11 años
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