lunes, 7 de junio de 2010
Mil veces más
…o puede que haya estado equivocado, y puede que la gente en realidad no se merezca nada, en realidad puede que ni yo merezca nada, que lo que digo sea producto de siglos parado en medio de cosas que me llevan y me esconden y me pudren en el medio de la nada. Que tratar de llegar a ningún sitio sea lo más sensato que me quede por hacer.
Hay quien dice que un ángel que todo lo vigila y todo lo cuida baja y corta con su espada las manos del ladrón, dejándolo mudo, dejándolo sin voz. Que lo llamen; que venga el ángel custodio de las cosas más sublimes y encuentre a quien me robó lo que hoy no tengo, las cosas que eran mías, las cosas que no encuentro, las horas y los días, los momentos de sentirme entero y satisfecho. Que encuentre al ladrón que se ha llevado las cosas que más quiero. Que me devuelva algunos días sin miedo, tirado a pleno sol, a plena luz.
“…los recuerdos que recuerdo y los que nunca sucedieron (sí, poligonal). La inmediatez de los sucesos de mierda, amontonados entre sí. La mujer perfecta no existe, pienso; sólo existe la memoria. El amor no existe, digo; existen soledades que se juntan y potencian. Y luego la costumbre. Y también los gusanos en mi espíritu.”
martes, 25 de mayo de 2010
Viaje
Y a quién vas a culpar por todas esas noches que tuviste que estar sola, dormir sola, soñar sola, sentir sola, vacía por dentro, envuelta en llanto, seca de pensar que las penas y el dolor ya estaban a tu lado y jamás irían a dejarte?
Los escombros de las cosas que se caen dentro y fuera de nosotros son la excusa más exacta que tenemos. Comenzar a comenzar. Iniciar algo mejor. Tener algo mejor. Para nosotros, algo nuevo. Final del viejo juego, el viejo sueño.
Derrumbar esas paredes que nos van cercando lentas. Derrumbar esos recuerdos si no van a permitirnos avanzar.
Permitida la memoria.
Pero que no moleste.
“... y que dure lo que dure lo real”
jueves, 22 de abril de 2010
Trampas
A veces, el dedo omnipotente de Dios, o de quien sea que haya inventado el juego éste que jugamos, se posa sobre vos, sobre tus hombros y te da el respiro necesario, y te salva de alguna que otra atrocidad, pide pido para vos, te da un descanso.
Así, las voces más insoportables no suenan tanto en tu cabeza y los días ya no pasan sobre vos y el tiempo va a tu lado.
Canciones de rock, libros prestados, camisetas de algún club que ni siquiera conocés, sueños pausados; todo resulta familiar y conocido, todo es justo a la medida de tus sueños, todo tiene la métrica precisa y todo está afinado.
- (Entonces, de nuevo la trampa que vos mismo te ponés: la sensación de haber errado, de apostar a lo incorrecto, de haber marcado el número de la “sucursal tranquilidad” y haberte equivocado.)
lunes, 19 de abril de 2010
Microrelatos (I)
El asunto de la muerte. Olió la muerte. Y la muerte no tenía buen olor.
Todo el mundo andaba por ahí, con una punta o una pala, de merca o con un fierro, jugando al “tu vida o la mía” , al “te mato o me matás”.
El hombre no había evolucionado para nada. Desde que el mundo era mundo, había habido crímenes, negocios turbios, violaciones, magnicidios, guerras y mujeres sometidas por maridos de dinero. El mundo parecía moverse por dinero.
Decidió no pensar. Se incorporó y caminó lento, mientras abría la billetera del desgraciado que quedaba tirado ahí atrás.
Quince pesos.
Una cerveza y un paquete de puchos, nada más.
miércoles, 30 de diciembre de 2009
Distancias
Trataremos de que entiendan que así como las nubes se unen entre sí y forman formas tontas; que así como explotan sin razón dos bombas en un sitio, un mismo lugar; así como dos almas que se encuentran se abrazan mutuamente, como abraza el sol las flores en verano y las mata, así fue lo vivimos vos y yo, y les diremos que fue hermoso, que fue la vida toda y que fue nada haber traído tanto amor entre nosotros porque fue una bendición y fue algo que jamás imaginamos, porque fue el todo que aún nos guía, lo que necesitábamos en esta vida, aún cuando después de esa explosión ya no haya nada, aunque las nubes formen formas tontas, aunque exploten las bombas asesinas, día a día, de dos en dos, un mismo lugar, un mismo sitio y las almas de nosotros ya no puedan encontrarse, ya no más.
Aunque no haya entre nosotros más “mañana”.
Ya sé que no sabremos explicarles cómo es que viene doliendo este dolor. El tiempo les dirá. El tiempo nos dirá.
El tiempo siempre es quien nos habla.
jueves, 17 de diciembre de 2009
Lágrimas
Vos dejá que yo me tire unas horitas en la cama y así vestido, duerma y sueñe sueños que te duelan, y vas a ver que cuando me despierte, cuando logre despertar (y te des cuenta que estoy bien, que ya ha pasado todo) voy a estar un poco más tranquilo, al asumir que son sueños, sólo sueños o algún triste dèja vu que pensé que imaginé que imaginaba.
Vos dejá que yo esté triste un par de horitas, o tal vez un par de días.
Pero triste al mango, sí? Con toda la tristeza, con toda la amargura que sea posible que yo tenga, y vas a ver que cuando yo termine de llorar voy a ser de nuevo ese, el que vos querrías siempre que yo fuera.
Pero vos dejá que llore, dejá que yo me muera ahogado en los recuerdos que más duelan, para así cuando tenga que salir, cruzar la puerta, irme de aquí, cuando tenga que enfrentarme a un día hermoso, a plena luz, (un nuevo día) no sienta que es extraño andar sin lágrimas. No sienta que es extraño estar feliz.
Pero vos dejá que llore, que también a veces está bueno andar gastando lágrimas por alguien que sabés que nunca pudo amarte, por alguien que sabés que jamás pudo sentir.
lunes, 14 de diciembre de 2009
In vain
Planificaba sus cosas así, de improviso; pensando en caliente y sin preocuparse por lo que hubiera de suceder después.
No estaba en sus planes razonar.
Aunque esta vez sabía que era necesario escapar.
A cada segundo su piel se hacía menos suave. Y empalidecía. Se llenaba de arrugas, se volvía seca, mustia. Como esas flores que pasan un tiempo prolongado arriba de un ataúd y al final te piden pido. Como las hojas del otoño, ésas hojas del otoño que se pisan y hacen ‘crack’ cuando se quiebran.
Envejecía más rápido. Y lo sabía.
-”Algún lugar en donde…”- quería pensar, y no podía completar su pensamiento.
Justo él. Él estaba envejeciendo. Él, que siempre había querido mantener su capacidad de curiosidad y de asombro intactas. Él, que adoraba caminar bajo la lluvia, o empañar los vidrios con su aliento en el invierno y dejar dibujos, o tal vez algunas frases sueltas para mirar después cómo se desvanecían.
Él, que siempre había querido ser un niño. Que siempre había soñado con la idea de fugar el alma hacia algún país inexistente, a algún lugar en donde no existiera la tristeza ni el dolor.
A algún lugar imaginario.
(-”A algún lugar en donde…”-) quiso pensar y no pudo.
Se moría. A cada segundo se moría. Y lo podía presentir dentro de sí.
-”Algún lugar…”- repetía cada vez más desesperado, como si el aliento estuviera abandonándolo, como si el cuerpo estuviera abandonándolo (o era él quien esta vez abandonaba a su cuerpo?) y las cosas que alguna vez hubo de soñar quedaran inconclusas.
Inconclusas.
Alcanzó a cerrar el bolso antes de caer sobre la alfombra. Y ya no hubo nada más después de esa última caída.
Lo encontró la mujer que limpiaba la pensión donde vivía. La única persona que osaba dirigirle la palabra. Ella lo encontró.
El trámite fue rápido y conciso. El forense que lo vió no gastó muchas palabras de su extenso vocabulario médico en ese último diagnóstico: “Paro cardirespiratorio no traumático”.
Aunque arriesgan los que saben, las personas que dicen que lo pudieron conocer, que se murió de tristeza.
Yo sé bien de qué murió.
Yo sé bien que el último día de su vida, en esa misma tarde, había decidido escapar.
De la soledad, quería escapar y se escapaba. Pero lo hizo tarde.
Y en vano.
lunes, 7 de diciembre de 2009
Hasta Siempre!
Acá no hablaron de cómo hacer para dejarse ir como te fuiste vos ayer, ni de cómo arreglárselas para que el corte de mangas a los cansancios que me quedan no sean la pedrada a los vidrios de una iglesia; no hablaron nunca de eso, las crónicas del día.
Que hay de las cosas que tenías que enseñarme?
Cuántos eran esos muros que me ibas a ayudar a derrumbar?
Vos no te das ni puta idea, el hueco que me queda acá, en el pecho.
Vos no te das ni puta idea, las sombras que se asoman por la puerta.
Vos no te das ni puta idea de lo que va a ser volver a comenzar otro año, sin vos.
jueves, 3 de diciembre de 2009
En
Por los oscuros laberintos de la mente, por los subterráneos de la felicidad que ya no está. Por esas galerías congeladas en donde esperan los que alguna vez se fueron, en donde están los que no están.
En cuerpo y alma, en el color, en los sonidos, en las formas, en lo que fui y en lo que ya no más, en todo aquello que he vivido, en lo que aprendí a callar, en lo que amo, en todo lo que odio, en las cosas que mueren poco a poco dentro de mí, en los olores, en las visceras, en las cosas descompuestas, en lo que no podré solucionar; en los gritos y en la música, en las palabras, la armonía, en los trozos de papel en los que escribo, en los muertos pensamientos, en las naturalezas muertas, en las ideas que no tengo, en lo que ya no sé olvidar.
Por el filo de la angustia, en el borde del horror, a la orilla de todas nuestras cobardías y alejado del amor.
Caminando ciego. Sintiendo sin sentir.
Así estoy yo si me buscás, si me encontrás.
